Octubre a diciembre de 2026
Desde el Gran Arriba ella prestó oído al Gran Abajo. Así comienza, en la versión de Diane Wolkstein y Samuel Noah Kramer, El descenso de Inanna, el poema sumerio que relata el viaje de la reina del cielo al inframundo, el reino de su hermana Ereshkigal. Antes de bajar, la diosa escucha.
El 3 de octubre, Venus se detuvo a 8°29′ de Escorpio y empezó a desandar su camino. Todo el verano había sido el lucero de la tarde, la primera luz que se enciende sobre el horizonte del oeste. Ahora se hunde en el resplandor del Sol: desde España, en estos primeros días de octubre, apenas asoma al final del crepúsculo y enseguida dejará de verse. El 24 de octubre pasará entre la Tierra y el Sol y, a comienzos de noviembre, reaparecerá por el otro lado del cielo, como lucero del alba.
Hace más de tres mil quinientos años, en tiempos del rey Ammisaduqa de Babilonia, ya se registraban las desapariciones y reapariciones de Venus. La llamada Tablilla de Venus, conservada en copias posteriores, reúne observaciones del lucero y presagios asociados a ellas. Mirar el cielo y buscar un sentido en su movimiento es un gesto muy antiguo.
Esta primera lectura del Clima astral sigue ese mismo viaje: el descenso, la oscuridad y el regreso. Un Venus retrógrado no anuncia por sí mismo nada negativo. Es una de las raras ocasiones en que el planeta asociado al amor, al deseo y a aquello que valoramos parece darse la vuelta y nos invita a mirar con él hacia dentro.
Qué es Venus retrógrado
Ningún planeta invierte su órbita al retrogradar. El movimiento retrógrado es un efecto de perspectiva: visto desde la Tierra, un planeta parece detenerse, retroceder unas semanas y volver a avanzar. Venus, planeta interior y más rápido que nosotros, retrocede en apariencia cuando nos adelanta por el carril interior, entre nosotros y el Sol. Los instantes en que parece pararse se llaman estaciones: la retrógrada, cuando empieza a retroceder, y la directa, cuando reanuda la marcha.
En el corazón de cada retrógrado de Venus está la conjunción inferior, cuando el planeta pasa entre la Tierra y el Sol. En torno a ese encuentro alcanza su mínima distancia a nosotros y, a la vez, se vuelve difícil de observar: queda cerca del resplandor solar y nos muestra casi solo su cara de noche. Galileo descubrió sus fases con el telescopio a finales de 1610 y anunció el hallazgo mediante un anagrama: Venus cambia de forma, como la Luna. El 3 de octubre tenía iluminado alrededor del 13 % de su disco; el 24 tendrá apenas un 0,6 %. Este retrógrado es una luna nueva del amor. Lo más cercano es lo que no se ve.
El retrógrado dura unas seis semanas, del 3 de octubre al 14 de noviembre. Su danza completa con el Sol, el llamado ciclo sinódico, dura unos 584 días, así que solo una pequeña parte de cada vuelta, en torno al 7 %, corresponde al retroceso aparente. Cuando Venus se da la vuelta, el gesto pesa.
La sombra es la franja del zodiaco que Venus recorre tres veces: hacia delante, hacia atrás y otra vez hacia delante. En 2026 va de unos 22°52′ de Libra a 8°29′ de Escorpio; Venus entró en ella el 31 de agosto y saldrá el 15 de diciembre. Un punto de tu carta natal dentro de ese tramo recibe tres visitas. La lectura astrológica reconoce en ellas un proceso: el tema se anuncia, se revisa desde dentro y se integra.
Para la tradición astrológica, el movimiento retrógrado habla de retorno y de asuntos que vuelven sobre sus pasos. La imagen sigue siendo poderosa: lo que creíamos cerrado vuelve para ser mirado con otros ojos. Volver no obliga a repetir; también permite comprender lo que entonces no supimos ver.
La rosa de Venus y los ecos de ocho años
Cinco ciclos sinódicos de Venus duran casi exactamente ocho años. Si unimos sobre el zodiaco las cinco conjunciones inferiores sucesivas, aparece una figura cercana a una estrella de cinco puntas. Otras representaciones geométricas de la relación entre las órbitas de Venus y la Tierra dibujan la conocida rosa de cinco pétalos. La armonía no es perfecta: cada ocho años, el encuentro regresa cerca del mismo punto, desplazado unos grados hacia atrás. La tabla de Venus del Códice de Dresde ya relacionaba cinco ciclos de 584 días con ocho años de 365 días.
Por eso este retrógrado tiene ecos. En el otoño de 2018, Venus se detuvo a 10°50′ de Escorpio y volvió a avanzar a 25°15′ de Libra; en 2010 lo hizo a 13°14′ de Escorpio y 27°39′ de Libra. Recuerda qué vivías en el amor o en la manera de valorarte en aquellos meses de octubre y noviembre. La historia no tiene que repetirse para que reconozcas su melodía: a veces el motivo vuelve una octava más arriba.
Las cifras esconden algo más. La conjunción de este año cae cerca de 0°45′ de Escorpio, en la misma puerta del signo. La siguiente de esta familia, en 2034, caerá ya en Libra. En 2026 se cierra una larga serie de estos encuentros en Escorpio: después del descenso a lo profundo, el centro del ciclo comienza a trasladarse hacia la balanza, la reciprocidad y el amor que encuentra su propia casa.
El descenso de Inanna
El descenso de Inanna al inframundo es un poema sumerio de unos cuatrocientos versos, conservado en tablillas del segundo milenio a. C. y reconstruido a partir de distintos testimonios. Inanna estuvo asociada a Venus en la tradición mesopotámica, pero el poema no menciona explícitamente el planeta. Su lectura junto al ciclo de Venus, desarrollada en la astrología contemporánea por autoras como Demetra George, es una interpretación del mito. La correspondencia ilumina el viaje del lucero de una forma extraordinaria.
Inanna, señora del amor, del deseo y de la guerra, decide bajar al reino de su hermana mayor, Ereshkigal. Se viste con sus insignias, de la corona al vestido de señora, pasando por un pectoral llamado «¡Ven, hombre, ven!» y la vara y el cordel de medir. Deja instrucciones a su fiel ministra, Ninshubur: si no vuelve, que pida ayuda a los dioses. En cada una de las siete puertas del inframundo, el portero le quita una pieza. Cada vez que protesta, la respuesta viene a ser la misma: calla, los ritos del inframundo son perfectos y no se discuten. Llega desnuda e inclinada. Los siete jueces la miran, y el poema dice que era la mirada de la muerte. Su cuerpo queda colgado de un gancho.
Pasados tres días y tres noches, Ninshubur cumple el encargo. Solo Enki, dios de la sabiduría, se inquieta. Con el polvo de debajo de sus uñas modela dos criaturas, el kurgarra y el galatur, les da el alimento y el agua de la vida, y estas se cuelan en el inframundo como moscas por las puertas. Encuentran a Ereshkigal doliente, gimiendo como una parturienta, y no intentan consolarla ni corregirla: se lamentan con ella. Si ella se duele de su corazón, ellos se duelen de su corazón; si de sus entrañas, de sus entrañas. Conmovida, la reina de abajo les ofrece el río con su agua y el campo con su grano. Ellos solo piden el cuerpo que cuelga del gancho, lo rocían con la vida, e Inanna se levanta.
El regreso tiene un precio. Nadie sube indemne del inframundo, y los demonios exigen un sustituto. Inanna no entrega a quienes la han llorado, pero en Uruk encuentra a Dumuzi, su esposo, sentado magníficamente en un trono y sin rastro de duelo. Lo mira con la misma mirada de la muerte que ella recibió abajo, y se lo llevan. Más tarde, Geshtinanna, hermana de Dumuzi, compartirá su destino: medio año descenderá él y medio año ella. El regreso trae consecuencias y una nueva forma de equilibrio.
Leído junto al cielo de este otoño, el mito es un mapa. También Venus se despoja de su luz hasta perderse en el resplandor del Sol. En cada puerta dejamos atrás una forma de seducir, de medir el mundo o de buscar reconocimiento. Y Ereshkigal no es el mal. La analista junguiana Sylvia Brinton Perera la leyó como una imagen de lo femenino relegado a la sombra, del dolor que permanece sin testigos. Lo que salva a Inanna no es la fuerza ni el argumento, sino dos criaturas pequeñas que saben acompañar un dolor sin intentar arreglarlo.
La versión acadia posterior, El descenso de Ishtar, añade un detalle precioso: mientras la diosa está abajo, el deseo se retira de la tierra; el joven duerme solo y la muchacha duerme sola. Al subir, Ishtar recupera una prenda en cada puerta. El deseo no muere en el descenso: se recoge, se renueva y vuelve a vestirse.
Otras orillas del mismo cielo
Los griegos llamaron Héspero al lucero de la tarde y Fósforo al de la mañana: dos nombres para el mismo astro. Safo cantó a Héspero como la luz que reúne lo dispersado por la aurora y devuelve al hijo a su madre. En latín, el lucero del alba se llamó Lucifer, «portador de luz». Antes de su asociación cristiana con el ángel caído, el nombre designaba a Venus de madrugada.
Al otro lado del océano, los Anales de Cuauhtitlan cuentan que Quetzalcóatl se prendió fuego y que su corazón subió al cielo convertido en la estrella del alba. Tras pasar por el mundo de los muertos y prepararse para su regreso, apareció al octavo día. La tabla maya de Venus también asigna ocho días a su ausencia en la conjunción inferior, aunque la invisibilidad real varía entre ciclos y lugares de observación. El ocho del mito es una rima, no una medida para este otoño. Desde nuestras latitudes, el lucero puede permanecer oculto durante varias semanas antes de regresar, a comienzos de noviembre.
Del exilio a casa: de Escorpio a Libra
En la astrología tradicional cada planeta tiene su domicilio, el signo o los signos donde está en casa, y su detrimento o exilio, los signos opuestos. Venus rige Tauro y Libra. Escorpio es la casa nocturna de Marte y, en la astrología moderna, también está regido por Plutón: allí Venus está exiliado. No es una condena. Es un forastero que tiene que hablar otro idioma del amor: allí cuentan la verdad, la intensidad, la entrega y el valor de mirar lo que da miedo.
La estación retrógrada, a 8°29′ de Escorpio, cae en los términos de Venus, pequeñas parcelas que la astrología tradicional asigna a distintos planetas. En el sistema de términos egipcios, Venus empieza su retroceso en un cuarto propio dentro de una casa ajena: incluso en el exilio conserva un lugar desde el que hablar.
Venus en Escorpio pregunta: ¿qué deseo de verdad?, ¿qué me da miedo perder?, ¿dónde confundo intimidad con posesión? Hesíodo cuenta en la Teogonía que Afrodita nació de un corte: Crono mutiló a Urano y arrojó sus genitales al mar; de la espuma surgió la diosa. Leído desde Escorpio, el mito ofrece una imagen de la belleza que nace de lo que se pierde y se hunde.
El 25 de octubre, Venus retrógrado vuelve a Libra, su domicilio. Allí hará estación directa el 14 de noviembre, cerca de 22°52′ y de nuevo en sus propios términos. La primera estación ocurre en casa ajena; la segunda, en casa propia. Libra pregunta otras cosas: ¿es recíproco este vínculo?, ¿hay justicia en cómo me trato y en cómo trato a los demás?, ¿veo al otro o solo mi reflejo en él?
En la tradición griega, las estrellas de Libra fueron también las Pinzas del Escorpión; la Balanza se consolidó como figura propia en el mundo romano, aunque ya era conocida en Mesopotamia. Los signos del zodiaco tropical no coinciden hoy con las constelaciones, pero el símbolo permanece: este viaje de Venus enlaza el cuerpo del escorpión con sus tenazas convertidas en balanza. La misma forma que antes agarraba ahora pesa. Pasar de agarrar a sopesar es quizá la mejor fórmula de este retrógrado.
Hay además un guiño para quien lee estas páginas. El nombre de Tarazed, la estrella del Águila que da nombre a este atlas, procede probablemente del persa y significaría «el astil de la balanza», por la línea que forma con Altair y Alshain. Y en el simbolismo esotérico moderno, el águila es la figura elevada de Escorpio. La estrella de la casa reúne, sin proponérselo, los dos signos de este retrógrado.
El corazón del ciclo: 24 de octubre
El Sol entra en Escorpio el 23 de octubre y el 24 llega la conjunción inferior, cerca de 0°45′ del signo. Venus coincide con el Sol en longitud, en el mismo grado del zodiaco, pero pasa unos 6,5° al sur de él y no cruza su disco. Muchas lecturas astrológicas llaman a este encuentro cazimi, «en el corazón del Sol», atendiendo a la cercanía en longitud; otras definiciones tradicionales exigen también proximidad en latitud. La geometría no cambia su lugar central en nuestro relato: es un renacimiento a un lado del Sol, en lo hondo y sin espectáculo.
En ese instante termina la fase del lucero de la tarde y comienza la del lucero de la mañana, aunque su reaparición visible llegará después. Ptolomeo distinguía el carácter de los planetas según su relación con el Sol: masculinos al precederlo como astros matutinos y femeninos al seguirlo como vespertinos. La astrología contemporánea ha desarrollado esta imagen: un Venus de la tarde más receptivo y amante, y un Venus del alba más decidido y dispuesto a tomar la iniciativa. Tras el 24 de octubre, el amor busca volverse menos complaciente y más claro. Héspero, el que devuelve a casa, se convierte en Fósforo, el que anuncia. Cambia de rostro: el amor que se va y el que vuelve son el mismo.
Ese mismo día, Mercurio estaciona retrógrado a unos 20°59′ de Escorpio. Mente y corazón se vuelven a la vez. En el Himno homérico a Deméter, Hermes baja a buscar a Perséfone. Este doble retrógrado tiene algo de ese viaje acompañado: recorrer de nuevo el camino para recuperar algo propio y encontrar palabras para lo que el deseo descubre abajo.
El 26 de octubre llega la Luna llena cerca de 2°46′ de Tauro, el otro signo de Venus, donde la Luna está exaltada: una posición de dignidad y fortaleza en la tradición astrológica. Sol y Luna forman una T cuadrada con Plutón: se enfrentan entre sí y ambos quedan en cuadratura con él. La figura reúne signos fijos, los que sostienen y conservan. Lo sembrado en la oscuridad se ilumina enseguida, con sus preguntas sobre el apego, el cuerpo y la seguridad.
A comienzos de noviembre, Venus empieza a recuperarse como lucero del alba. La fecha en que logremos verlo dependerá del horizonte, la atmósfera y el lugar de observación. Dante, al salir del Infierno, encuentra a Venus al comienzo del Purgatorio: «el bello planeta que a amar conforta hacía reír a todo el oriente», en traducción libre. La imagen acompaña este regreso: cada mañana el lucero gana altura antes del amanecer y, hacia finales de noviembre, alcanza uno de sus momentos de mayor brillo.
Los compañeros de viaje
Las tres cuadraturas con Plutón
Venus forma tres cuadraturas con Plutón: el 15 de septiembre, el 20 de octubre y el 9 de diciembre, alrededor de los primeros grados de Escorpio y Acuario. Una cuadratura es un ángulo de 90°, una tensión que pide movimiento. La segunda llega pocos días después de que Plutón estacione directo. Es el aspecto más hondo del ciclo: el amor y el poder, el deseo de poseer frente a la libertad del otro, el miedo al abandono y lo que no se dice. También abre la posibilidad de transformar de raíz la manera de amar y de soltar lo que ya está muerto. Apuleyo cuenta que una de las pruebas de Psique fue bajar al reino de Proserpina a buscar un poco de su belleza. En el lenguaje de este otoño, la belleza verdadera también hay que ir a buscarla al inframundo.
El arranque fue intenso. El 3 de octubre, el mismo día de la estación de Venus, Marte se opuso a Plutón desde Leo. Los dos regentes de Escorpio, el tradicional y el moderno, se enfrentaron cuando Venus se dio la vuelta: los dos señores de la casa donde el planeta del amor es huésped.
La cuadratura con Marte el 10 de octubre
El 10 de octubre, Venus recibe la cuadratura de Marte desde Leo, cerca de 7° de ambos signos. Ese día hay también Luna nueva a unos 17° de Libra, con Venus, su regente, retrógrado y fuera de casa. Un comienzo en los vínculos que se parece más a una siembra íntima que a una inauguración. En la Teogonía, de Afrodita y Ares nacen el Miedo y el Terror, pero también Harmonía: una imagen de lo que el encuentro entre amor y deseo puede engendrar. El 10 de noviembre, Venus y Marte volverán a encontrarse en sextil, un ángulo de 60° que favorece la cooperación. La tensión puede aprender otra forma de expresarse.
Las tres oposiciones con Quirón
Venus forma tres oposiciones, ángulos de 180°, con Quirón: el 10 de septiembre, entre el comienzo de Escorpio y el de Tauro; el 28 de octubre, cerca de 28° de Libra y Aries; y el 29 de noviembre, cerca de 27° de esos mismos signos. Quirón, el centauro sabio y maestro de héroes, recibió una herida que no podía sanar pese a su inmortalidad. En el eje Aries–Libra, el del yo y el tú, la oposición toca la autoestima, el miedo al rechazo y la sensación de no merecer amor. Abre la posibilidad de que el vínculo sea un lugar de curación, donde podamos reconocer la herida sin seguir organizando toda nuestra vida alrededor de ella.
Júpiter, el Nodo Norte y las estaciones directas
La segunda mitad del ciclo ofrece apoyos. Venus forma trígonos, ángulos de 120°, con el Nodo Norte en Acuario, y sextiles con Júpiter en Leo el 4 y el 28 de noviembre. Desde Libra, tiende un puente entre el corazón creativo de Leo y la comunidad y el futuro de Acuario. Su estación directa ocurre con esos apoyos todavía próximos; Marte y Júpiter se unen el 16 de noviembre. Después de mirar el miedo y el apego, el ciclo abre espacio para la generosidad y la valentía del corazón.
Mercurio vuelve a avanzar el 13 de noviembre, a unos 5° de Escorpio, y Venus lo hace unas horas después, ya el 14 en tiempo universal. La imagen que Guido Bonatti empleó para explicar la estación directa sigue siendo útil: alguien empieza a sanar y todavía necesita recuperar sus fuerzas. El 14 de noviembre no termina todo de golpe. Empieza la convalecencia.
El cielo de fondo
Júpiter recorre Leo y a comienzos de octubre pasa por el grado del eclipse solar del 12 de agosto. En la lectura astrológica, amplifica asuntos abiertos durante aquel eclipse: la expresión personal, la creatividad y la necesidad de ser vistos. El eje de los nodos lunares une Leo y Acuario. Con el Nodo Sur en Leo y el Norte en Acuario, el corazón aprende a poner su brillo al servicio de algo que también pueda compartir.
Este es el fondo que más directamente conversa con el viaje de Venus. La revisión íntima de Escorpio y Libra tiene una pregunta colectiva al otro lado: qué hacemos con lo que amamos y valoramos cuando dejamos de medirlo solo por el reconocimiento que recibimos.
Más al fondo, 2026 es el primer año de un gran ciclo colectivo. En febrero, Saturno y Neptuno se unieron cerca de 0°47′ de Aries, el primer grado del zodiaco. Se encuentran aproximadamente cada 36 años; la conjunción anterior fue en 1989, el año de la caída del Muro de Berlín, una coincidencia que suele citarse, no una causa. Saturno es la forma, el límite, lo real; Neptuno, el sueño, la fe, lo que disuelve. Juntos hablan de estructuras que terminan y de ideales que buscan cuerpo. Ambos retroceden ahora en Aries y volverán a avanzar a mediados de diciembre. A finales de noviembre, Urano en Géminis y Plutón en Acuario forman además un trígono, un aspecto lento de aire que habla de ideas y lenguajes colectivos en movimiento.
Fechas del ciclo
- 31 de agosto. Venus entra en la sombra.
- 10 de septiembre. Venus entra en Escorpio. Primera oposición a Quirón.
- 15 de septiembre. Primera cuadratura con Plutón.
- 3 de octubre. Venus estaciona retrógrado a 8°29′ de Escorpio. Marte se opone a Plutón.
- 10 de octubre. Luna nueva en Libra. Cuadratura de Venus y Marte.
- 16 de octubre. Plutón estaciona directo.
- 20 de octubre. Segunda cuadratura con Plutón.
- 24 de octubre. Conjunción inferior cerca de 0°45′ de Escorpio. Mercurio estaciona retrógrado.
- 25 de octubre. Venus retrógrado vuelve a Libra.
- 26 de octubre. Luna llena en Tauro, en T cuadrada con el Sol y Plutón.
- 28 de octubre. Segunda oposición a Quirón.
- Comienzos de noviembre. Venus reaparece al alba como lucero de la mañana.
- 9 de noviembre. Luna nueva en Escorpio.
- 13 de noviembre. Mercurio directo.
- 14 de noviembre. Venus directo cerca de 22°52′ de Libra.
- 16 de noviembre. Marte se une a Júpiter en Leo.
- Finales de noviembre. Máximo brillo de Venus como lucero del alba.
- 29 de noviembre. Tercera oposición a Quirón. Urano en trígono con Plutón.
- 4 de diciembre. Venus vuelve a Escorpio.
- 9 de diciembre. Tercera cuadratura con Plutón.
- 15 de diciembre. Venus sale de la sombra.
A quién toca más de cerca
El signo solar es solo una puerta de entrada. Para una lectura personal importa dónde cae este recorrido en tu carta natal, qué casas atraviesa y qué aspectos forma con el ascendente, la Luna, el Sol o el propio Venus.
Los puntos que merecen especial atención son:
- De unos 22°52′ de Libra a 8°29′ de Escorpio. La franja de la sombra, con tres pasos de Venus. Destacan los grados de ambas estaciones y el comienzo de Escorpio, donde ocurre la conjunción inferior.
- Los primeros grados de Tauro, Leo, Escorpio y Acuario. El escenario fijo en el que intervienen las cuadraturas con Plutón, la tensión con Marte y la Luna llena del 26 de octubre.
- Alrededor de 27° y 28° de Libra y Aries. Las oposiciones de Venus a Quirón durante la revisión y después de la estación directa.
- Los últimos diez grados de Leo y Acuario. Los apoyos y tensiones que aportan Júpiter, Marte y el eje de los nodos, según el punto concreto de tu carta.
Por signos, Libra y Tauro tienen un papel destacado porque están regidos por Venus; Escorpio, porque allí empieza el retroceso; Leo y Acuario, por los planetas que dialogan con él; y Aries, por la oposición a Quirón y el recorrido de Venus enfrente, en Libra. Esto orienta la mirada, pero la carta completa decide cómo se articula el tránsito. Nadie queda fuera: todos tenemos a Venus en algún lugar de la carta, y todos amamos.
Cómo acompañar este tránsito
Venus retrógrado no pide grandes gestos, sino atención. Es un buen tiempo para volver a mirar a quién y cómo amas, y cómo te amas. Para preguntarte qué adornos llevas puestos para ser querido y cuáles podrías dejar en una puerta sin perder nada esencial. Para distinguir el deseo del apego y la lealtad del miedo a quedarte solo.
Si alguien o algo del pasado regresa estas semanas, recíbelo como un viajero que vuelve al punto de partida, no como un mandato del destino. A veces vuelve para quedarse; otras, para que lo veas por fin con otros ojos y puedas cerrar con gratitud lo que se cerró con prisa. Aprende de las criaturas de Enki: cuando alguien que quieres esté en su propio inframundo, o seas tú quien baje al tuyo, acompaña el dolor antes de intentar corregirlo. Y honra a Ninshubur, a quienes se quedan arriba velando y pidiendo ayuda.
Una práctica sencilla: a comienzos de noviembre, busca a Venus hacia el este antes del amanecer, con el horizonte despejado. Conforme avancen los días será más fácil encontrarlo. Basta mirarlo a simple vista y seguir su regreso; no necesitas ningún instrumento. Mirar cómo vuelve la luz te recuerda que también puede regresar en ti.
Algunas preguntas para estas semanas:
- ¿Qué parte de mí he dejado de valorar para ser aceptado?
- ¿Qué vínculo pide más verdad y cuál pide más justicia?
- ¿Qué estoy agarrando que podría empezar a sopesar?
El regreso de la luz
Inanna vuelve del fondo con los ojos de quien ha visto lo que hay abajo. Ishtar recupera sus prendas puerta a puerta. El corazón de Quetzalcóatl se convierte en la estrella del alba. Ninguno regresa igual que bajó.
Este otoño, Venus hace ese mismo viaje ante nuestros ojos: se pierde en el oeste, pasa entre la Tierra y el Sol en el umbral de Escorpio y renace como lucero del alba, ya de vuelta en Libra. Lo que se pierde en el descenso no es lo que somos, sino lo que creíamos necesitar para ser amados.
El poema sumerio no termina alabando a la diosa que sube, sino a la reina que la esperaba abajo. Sus últimas palabras dicen, en traducción libre: «Santa Ereshkigal, dulce es tu alabanza». Que este retrógrado te enseñe a honrar también lo que vive en el fondo. Desde ahí, cada mañana de noviembre, vuelve a salir el lucero.
Fuentes y lecturas
- Diane Wolkstein y Samuel Noah Kramer, Inanna, Queen of Heaven and Earth, 1983. El artículo El descenso de Inanna reproduce en español algunos pasajes de esta versión.
- Universidad de Oxford, Electronic Text Corpus of Sumerian Literature: Inana’s descent to the nether world, composición 1.4.1, para consultar otra traducción del poema sumerio.
- Demetra George y Chris Brennan, Inanna Venus Retrograde and Barbie, episodio 412 de The Astrology Podcast, 2023. Sylvia Brinton Perera, Descent to the Goddess, 1981, para la lectura junguiana de Ereshkigal.
- Motor de cálculo de El atlas de Tarazed, para los cálculos planetarios, contrastado con Swiss Ephemeris de Astrodienst. Fred Espenak, Geocentric Ephemeris for Venus 2026, para las fases y distancias. Las fechas se expresan en tiempo universal y las posiciones corresponden al zodiaco tropical.
- Guido Bonatti, 146 Considerations, consideración 26, para la comparación entre la estación directa y el comienzo de una recuperación.
- Otros textos citados: Safo, fragmento 104a; Hesíodo, Teogonía; Himno homérico a Deméter; Apuleyo, Metamorfosis, libro VI; Dante, Purgatorio, canto I; Anales de Cuauhtitlan, relato de Quetzalcóatl; Códice de Dresde, tabla de Venus.